CAPERUCITA Y EL LOGO FEROZ

Caperucita es una joven diseñadora con talento. La última vez que estuvo en casa de su abuelita fue para decirle que empezaba a trabajar en una agencia de publicidad. La llamamos así porque el invierno pasado venía todos los días al trabajo con una capa roja. Aunque lleva poco tiempo con nosotros ha oído hablar a los compañeros del logo feroz, que no tiene nada que ver con un hombre logo americano en Londres.

El logo feroz existe. No es ficción es pura realidad. Los más veteranos nos hemos topado con él en más de una ocasión y hemos escapado por los pelos, con alguna dentellada que otra a nuestra dignidad profesional como secuela. Caperucita pensaba que eran tonterías, que le tomábamos el pelo. Pero una tarde gris Pantone 425, las nubes cubrieron el último hueco azul Pantone 2717 del cielo. El estudio se cargó de una atmósfera Pantone process black espesa… intensa…

Caperucita estaba concentrada alineando un titular en una página para una revista cuando, de repente, agazapado entre un pie de foto y un subtítulo en Futura extra black se encontraba el logo feroz. De una salto se colocó en medio de la pantalla y la sorpresa de Caperucita fue mayúscula –quería ocupar media página, sin más–. Ese territorio le pertenecía. Con un diestro movimiento de ratón lo redujo al tamaño que se merecía. Pero su cara de satisfacción duró muy poco. Detrás de ella, con voz de cuña de rebajas, un ejecutivo de cuentas le dijo: “¡El logo más grande!”, mientras le daba una palmadita en su autoestima.

NI SUN TZE NI CLAUSEWITZ: ELEUTERIO

Eleuterio Sánchez, el Lute, escribió Camina o Revienta. En la obra describe, con gran sorpresa para mí, cómo en una de sus desesperadas huidas eligió el colector general de Sevilla para refugiarse con sus hermanos. Sabía que la mentalidad del payo jamás aceptaría que un hombre pudiese pasar días entre ratas y aguas fecales. Estaba seguro de que nunca los buscarían ahí.

Y no se equivocó. Llevó a cabo un sorprendente movimiento táctico que cuestionó la capacidad operativa de sus perseguidores. Y de eso se trata. De estrategia y de táctica para anticiparse a los pensamientos de los demás, a su convencional forma de proceder. De analizar a los oponentes y el particular entorno en el que se mueve tu marca, producto o servicio para avanzar y competir.

Teniendo claro el objetivo, la creatividad siempre estará supeditada a la estrategia y nunca a la inversa. Es un hecho. Así concibo la comunicación, de forma integral y focalizada en los valores de la empresa. Tienes que salir, para que identifiquen y diferencien tus intangibles. Ese activo que muchos ignoran o desconocen. No te puedes quedar a vivir siempre en la cloaca, ¿o sí?

EN LA PIEL DE UN NEONAZI

Me das asco, viejo. Asco y repugnancia. Cómo podría transmitirte el enorme desprecio que siento al verte. ¿Escupiéndote?… No, no te haré ese favor, aprovecharías la saliva para limpiar tus costras. Te observo. Despiertas en mí una curiosidad enorme. Eres escoria.

Y no lo pienso porque tu bragueta destile orines. Ni porque cargues con una escultura de inmundicia y parásitos que dan formas sinuosas a los pelos de tu cabeza. Ni porque trates de reavivar con tu mano una virilidad que, al igual que el jabón, abandonó tu cuerpo hace mucho tiempo.

Me das asco, viejo. ¿Y sabes por qué? Porque sonríes. Por eso tu alegría me humilla, porque eres un desperdicio feliz. ¡Te niego el derecho a vivir con alegría, inmundicia decrépita! Le sonríes a la vida aunque ella te dio sepultura hace mucho tiempo.

Sigo observándote. Te detienes ante una joven y te sonríe. No me lo puedo creer. Le correspondes con unas palabras y ella sigue ahí. El diálogo te envuelve poco a poco. Disfrutas. Hay serenidad en tus gestos, estás a gusto. Ella mantiene la sonrisa… Me das asco, viejo.

¿Y sabes por qué? Porque tienes un don. El don de conformarte con poco para ser feliz. Tan poco, que te basta la sonrisa de una joven impresa a todo color en un cartel.

NO ES LO MISMO EL MAGO DE OZ QUE UN MAGO CON UNA HOZ

¿Y si en lugar de El mago de Oz la película se hubiese titulado Un mago con una hoz? Los personajes serían los mismos, aunque con algunos cambios en el guion. El viaje lo iniciaría Dorothy, la protagonista, acompañando al espantapájaros, al hombre de hojalata y al león- Seguirían sin resignarse a perder la esperanza de que el mago los dotara de cerebro, corazón y coraje, respectivamente.

Comienza el viaje. La Esperanza la encontraron, no había pérdida, a unos kilómetros de La Laguna. Y la finca del mago también. En medio del campo vieron a un hombre en cuclillas cortando hierba. El agricultor los confundió con alumnos de capacitación agraria en prácticas. Y sin mediar palabra, seguro que los puso a cortar hierba todo el día, doblados, sin resuello, segando con la hoz a un lado y a otro. Cantero p’arriba y luego p’abajo, sudando, para que supieran lo que es trabajar.

Después de una jornada así hay que ser guanajo para pensar en el cerebro, el corazón y el coraje. Porque eso es lo que hay que tener para trabajar la tierra, con frío, lluvia, sol o viento todos los días del año. Así que estos personajes después de vivir esta experiencia se dejarían de cuentos y aprovecharían el tiempo, seguro.

El mago supo a qué venían pero, con la socarronería que le caracteriza, no dijo nada. Siempre piensa lo que dice pero nunca dice lo que piensa. Por eso es un auténtico mago, con hoz incluida.

SANCHO Y LOS TIEMPOS VENIDEROS

Y con ojos desorbitados Sancho despertó a su señor Don Quijote: ¡Mi señor, mi señor, despierte! ¿Qué quieres de mí insensato? ¿Por qué alteras mi sueño?, respondió ofendido y vilipendiado, tras interrumpirle su profunda conversación con Morfeo. ¡He tenido un sueño horrible, mi señor!, ¡horrible! ¿Perdías la ínsula, Sancho? ¡Peor, mi señor, peor!

Soñé que en tiempos venideros las palabras se trastocaban. ¿Se trastocaban? ¡Sí, mi señor! ¡Una detrás de otra! Las palabras enajenadas por extraños encantamientos hacían cabriolas y se reían ante mis ojos. ¡La erre, la zeta, la eñe! ¡Todas mi señor, todas cambiaban de lugar o desaparecían! Entre risas me rodearon y me levantaron del asno.

Me llevaron por los aires hasta El Toboso y allí comprobé que todos los mancebos llevaban unas extrañas cajitas con mucho ornamento en la mano, de las que salía la luz del sol después de sonar la melodía de un trovador infernal. ¡Y se las llevaban a la oreja! ¡Y hablaban con ella, mi señor!

¡Calla, Sancho! ¡No digas más sandeces! ¡Sí, mi señor, que lo vi yo! ¡Y después una doncella llevó la cajita con la luz del sol hasta mis ojos y vi las palabras cercenadas, que aparecían y desaparecían… ¡Eran los tiempos venideros, mi señor!

¡Si es cierto lo que dices, esto es obra de un grande enemigo, Sancho, que le tiene ojeriza a la lengua! ¡Nos esperan tiempos de sinsabores, mi querido escudero! ¿Y cómo se llaman esas cajitas que viste en tu sueño, Sancho?

¡Maese Samsung, maese Huawei, maese iPhone…!